domingo, 9 de septiembre de 2012

Otra triste efemérides



Hoy, 8 de septiembre, y en esa soledad que durante todo el día me ha acompañado, no he tenido por menos que pasando mis recuerdos por todos aquellos avatares de mi vida, tropezarme con alguna efémerides de esas que suelen dejar huella en el recuerdo, y en este caso y por desgracia bastante triste. Tal día como hoy pero de 1996, por tanto se cumplen dieciséis años, celebramos aquí en mi casa la última reunión de las muchísimas que cinco matrimonios amigos veniámos haciéndolo desde hacía bastantes años, Mi mujer ya venía arrastrado sus graves dolencias de las que  mucho trabajo le costaba sobreponerse. Aquel día, solo se me viene al pensamiento que pudo ser un milagro, el que tras haber asistido a misa y luego comiendo en una freiduría del barrio, como digo nos vinimos aquí a mi casa, donde la pasamos en lo que de costumbre teníamos, como era beber algo, jugar a las cartas en sus distintas modalidades de juegos, y también   al bingo, en cuyos juegos apostábamos pequeñas cantidades de dinero, todavía pesetas en aquella fecha, y de cuyas ganacias, los que lo conseguían, tenían que depositar el 50% de lo ganado para después gastarlo en comidas y otros,  en nuestras salidas de los fines de semana. Si durante algunos días anteriores a esta festividad malagueña, mi mujer se los paso metida en la cama soportando sus padecimientos  como ella solía  hacerlo, en aquella reunión yo estaba totalmente sorprendido y contento de ver la aparente mejoría que durante toda la tarde y hasta ya bien metida la noche duró la reunión. Pero todo aquello fue un espejismo, una ilusión, un deseo, quizá una esperanza tanto tiempo soñada. No había pasado media hora desde que nuestros amigos se despidieron, todo con la mayor normalidad y alegría, cuando volviéndole los vómitos que durante algunos años fueron su pesadilla y su dolor, el resto de la noche fue el comienzo de los meses del mayor sufrimiento que en toda mi vida he tenido que soportar, y así hasta casi cinco meses después, en que ella dejó de padecer, pero en mí dejó el dolor y el desconsuelo del que aún con el paso del tiempo no consigo olvidar ni tampoco y aunque parezca una contrariedad, en estos momentos doy tambien gracias a Dios por lo feliz que hizo todo el paso de mi matrimonio y todo cuanto del mismo se derivó, como fueron esos hijos y posteriormente también unos nietos que a la distancia inclusive salta a la vista de quienes son hijos. Hoy por tanto se han cumplido dieciseis años del último día gozoso de aquel matrimonio que ni soñándolo siquiera, hubiera sido tal lo fue hasta el último momento. Ella se fue, pero su olvido no llegará mientras mi cerebro se mantenga tal hoy está. Seguramente hacía tiempo no tenía una entrada en el blog de tan triste recuerdo como en esta de hoy. Hasta la próxima a ver si mi ánimo está un poco mas subido.

2 comentarios:

Carmen dijo...

Amigo Rafael, siento mucho que de vez en cuando tengas uno de esos bajoncillos, tu sabes que eso es inevitable, son vivencias que hemos tenido y cuando menos te lo esperas ¡zas! te pilla desprevenido, procura que esas cosas queden en un dulce recuerdo y que te haga de sufrir lo menos posible, recreate solo en los buenos recuerdos, que gracias a Dios tenemos un montonazo, así será todo más llevadero. Bss: Carmen

El abuelo de Villaharta dijo...


Amiga Carmen: Muchas gracias por tu bien intencionado y afectuoso comentario, Bss. Rafael